miércoles, 29 de mayo de 2013

La Edad Media en Europa


En la edad media, Europa occidental contó con una unidad lingüística, debido al uso del latín tanto en países romanizados como fuera de ellos, todo esto favorecido por la extensión de cristianismo. El rompimiento de la unidad lingüística se debía a las invasiones germánicas, que trajeron consigo el deterioro de las comunicaciones por el abandono de los caminos que unen a las diferentes regiones; el aislamiento de los territorios trae como consecuencia la descomposición del Latín y su evolución, al grado que comienza a aparecer un gran número de dialectos de los que posteriormente surgirán las lenguas modernas.

Algunos autores siguieron escribiendo en latín, en tanto otros desarrollaron manifestaciones literarias en dialectos locales que aún se conservan; así las lenguas modernas se convierten en elementos disociadores (separadores) de la cultura Europea, en cambio, el latín constituye un agente de unidad, intercambio cultural y propagación del cristianismo en la civilización occidental. Otro elemento universal de la cultura medieval es la iglesia, porque estaba centrada en perpetuar la tradición intelectual a través de los copistas de manuscritos que se elaborarían en los monasterios. También se construyeron grandes catedrales, se fundaron las mejores y extraordinarios universidades como: 

·         Sorbona en Francia.                                       
·         Salamanca en España.                                    
·         Oxford en Inglaterra.
·         Bolonia en Italia. 

Algo de resaltar es el impulso dado a los estudios latinos en la corte de Carlomagno;    posteriormente se empezó a traducir y a divulgar la biblia.  

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  Evolución de las Lenguas Europeas
Es difícil decir cuántas lenguas se hablan en el mundo. Aunque esta afirmación es cierta, no deja de sorprender a aquellos que no se dedican a la Lingüística.  En Europa esta situación no es ajena. En el continente europeo hay lenguas que casi se habían dejado de hablar y que en los últimos tiempos han vuelto a utilizarse (por ejemplo el tártaro de Crimea, hablado por un pueblo que sufrió la deportación). Lenguas que llegan con las personas que las utilizan (como actualmente el chino). Lenguas que, por voluntad de las sociedades que las convierten en un elemento de identificación y cohesión social, nacen a partir de otras que ya existían (por ejemplo el luxemburgués, que originariamente era una variante local del alemán), y lenguas que parecen resucitar (por ejemplo el córnico). También existen, lamentablemente, lenguas que lentamente desaparecen, como el aragonés. Si se consideran todos estos elementos, se concluye que es difícil decir cuántas lenguas se hablan en Europa.
De todas formas, se puede considerar que el número de lenguas habladas en el continente europeo, desde el océano Atlántico a la cordillera de los Urales (sin tener en cuenta el Cáucaso), llega a setenta, sin contar las distintas lenguas de signos de las diversas comunidades de personas sordas ni de todas las lenguas que utilizan cotidianamente los nuevos europeos llegados de todas partes del mundo. La mayoría de estas setenta lenguas pertenece a la familia indoeuropea, lo que significa que tienen un origen común y que, por lo tanto, se asemejan, aunque estas similitudes. También hay en Europa lenguas de las familias urálica (por ejemplo el finlandés, el estonio, el saami  o el húngaro) y altaica (por ejemplo el turco o el tártaro), una lengua de la familia afroasiática, el maltés, emparentado con el árabe y una lengua sin familia conocida, el vasco. En Europa son indoeuropeas las lenguas bálticas (el letón o el lituano), las célticas (el gaélico irlandés, el galés o el bretón), las eslavas (el ruso, el polaco o el macedónico), las germánicas (el inglés, el alemán, el frisón o el islandés) y las románicas (el catalán, el rumano, el castellano o el occitano), y también el griego, el albanés y el romaní, la lengua indo-irania que hablan tantos gitanos europeos.
A lo largo de la historia, las lenguas europeas han prestado palabras las unas a las otras – y también de lenguas de otros continentes en una interrelación fecunda.  Por ejemplo, el turco ha dado a un gran número de lenguas europeas palabras como haviar (caviar) y yoghurt (yogurt).  La palabra sauna, existente en muchas lenguas, proviene del finlandés. 
El desafío principal que las sociedades europeas han de afrontar hoy en día es el de continuar manteniendo la diversidad lingüística que, sin contradicción con una notable unidad cultural, siempre han desarrollado, junto con las lenguas de la inmigración de tanta importancia actual. Esto significa encontrar fórmulas de comunicación supranacional que no favorezcan la hegemonía de ninguna lengua y también dar vida a todas las lenguas del continente que, por razones económicas o políticas, se encuentran en una situación de debilidad que amenaza su supervivencia.





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